miércoles, 12 de octubre de 2011

Walt Disney y el Apocalipsis




Pensar que los judíos han tenido que ver con la génesis de la IIº guerra mundial -después de la Iº Guerra y el Tratado de Versailles, se habían apropiado de Alemania, literalmente, Hitler sólo monta su locura sobre esa coyuntura indignante para cualquier alemán bien nacido; el plan de sionismo, la creación del Estado de Israel, previo incluso a la primera guerra, sigue su rumbo perfecto, montado sobre la persecución nazi que recae sobre todo la clase baja de judaísmo, no apta para fundar el nuevo estado-, guerra en donde mueren 100 millones de hombres y mujeres, niños y ancianos, la mitad de ellos soldados; que ahora le estén marcando el camino a los EEUU para pergeñar la IIIª y catastrófica guerra mundial nuclear, en la primer década del siglo XXI, a uno le da mucho que pensar. 


Sé que no es el momento ni el espacio. No soy tampoco una especialista. Tan sólo una militante K con un nivel de información aceptable. Sí, caramba, da mucho que pensar. No llegan a ser 15 millones los judíos de todo el planeta, el "pueblo elegido"; cuando lo cierto es que el lobby activo no supera el millón de sionistas, el resto son dóciles compañeros de ruta, testigos. Muchos, también, indignados opositores, silenciados, perseguidos, amenazados. Digo, no es como demasiado protagonismo. Pero lo cierto es que son capaces de todo, nadie les puede poner coto; le Iglesia ha claudicado, se deja correr con las denuncias de pedofilia, siempre atizadas por grandes bufetes de abogados indefectiblemente judíos. Del asesinato de JFK y Bob Kennedy -únicos gobernantes católicos de USA en dos siglos-, la historia se escribe con su tinta. Siempre roja.

La crisis del capitalismo, manipulada por la banca mundial, una exclusiva élite de nueve banqueros que se reúnen en Wall Street los terceros miércoles del mes para monitorear las maldades que van sembrando es una verdad de esas que llamaban “de a puño”, por su potencia y tamaño, se está desmadrando. Ahora sí sé de qué estoy hablando. Que la única salida a esta crisis sea la guerra, contra Irán y el insolente mundo islámico, en defensa de los intereses de una burguesía industrial militar petrolera, sionista, es la novedad del día de ayer, propalada por una cadena noticiosa –ABC News- propiedad de los estudios Walt Disney. Sí, parece gracioso pero no lo es. 


Estos perversos dementes entre otras cosas son maltusianos, están convencidos que somos demasiados humanos lo que habitamos este planeta, -que, atención, es de ellos-, lo cual recomienda cada tanto una buena guerra mundial a fin de recortar la población, bombas atómicas de por medio, a varios miles de millones menos. Sus bombas son selectivas, tan sólo destruyen vida humana, no ciudades; sí, son grandes precursores del arte y de la cultura, van a dejar en pié museos, monumentos, para poder pasear por las calles sin tanto atasco, sin muchedumbres, siempre peligrosas, pueblos.

Que la Argentina esté incluida en tan macabro show ya no nos espanta. Lo hemos denunciado en la nota de bautizo de esta barricada ardiente. Vienen por todo. Quieren clavar a Cristina de la peor forma; el sonsonete del tercer atentado en Buenos Aires estaba en boca de Aldo Donzis, presidente de la DAIA a las 48 horas de que Cristina hablara en la ONU no fue ni casual ni pasó desapercibido. No vamos a tolerarlo. Me retumba en la cabeza una frase, un grito de guerra, no sé escuchado en dónde, lejano. “A los peronistas no nos corren con gases”.

Lo grotesco del complot denunciado ayer por EEUU no da bronca ni risa, genera aburrimiento, satura, mal humor, por la falta de originalidad de estos mamarrachos, convencidos que el mundo está habitado por millones de Homeros Simpsons, dicho esto con todo cariño para con este personaje que tan bien encarna a un norteamericano de clase media baja. Pero no, erran mal, hoy día la gente cruza y cruza la información hasta dar con un puñado de verdades, no se come una. Los Murdoch, los Magneto, los Mitre, Saguier, Berlusconi, De Narváez, lo saben. De todas formas, no pueden con su genio, saben que hay una franja no  menor de consumidores de información basura perfectamente manipulables.

En la misma semana en que la Autoridad Palestina encauza la liberación de un soldado israelí prisionero de Hamas desde 2007, a canjear por casi mil combatientes palestinos presos de Tel Aviv, cae esta bomba virtual, sí, es la nueva moda de los atentados teledirigidos por la “inteligencia” americana. Juegan al complot. La mitad de la CIA se dedica a activarlos y el FBI a desarmarlos, encarcelando unos personajes que  no pueden andar sueltos dos cuadras en ninguna ciudad del planeta. Sobre todo por el nivel de imbecilidad que portan. Pensar en contratar a narcos mexicanos para asesinar a un embajador saudí, sin tener en cuenta que los cuatro son agentes de la DEA es algo que sólo podría ocurrirle a Maxwell Smart, el Súper Agente 86. 


Que el plan incluyera un nuevo atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires es propio de un guión firmado por Dorit Shavit, nueva embajadora a la espera del visto bueno de la Cancillería, especialista en sembrar el caos -yo no la aceptaría, la acusaría de conspiración, la dejaría un año en el rincón, por patotera, la mano derecha de Avigdor Lieberman en la región-, si tal parece ser el juego. De todas formas, ya dentro de EEUU comienzan a alzarse voces de rechazo a esta conjura tan pero tan bizarra. Y sí, reemplazar a Al-Qaeda no les va a resultar tan fácil. Los mexicanos están cualquier cosa menos contentos, con el pretexto de que hayan usado su territorio y contactos mexicanos como dobles de este nuevo capítulo del "El Imperio contrataca". Todo es pura ficción, Walt Disney. Sí, los estudios de la Fox están en México. Acá, el diario de Goldman Sachs y el vocero de la sinagoga nacional les sigue dando aire. No miro 678, me da vergüenza ajena, como dije, soy una peronista de las de antes. No sé qué dirá Barone sobre el tema, él que fue periodista de Clarín en plena dictadura, cuando los vínculos entre la junta militar e Israel eran más que aceitados, con un intercambio comercial que no se repitió nunca en la historia.